Las mejores épocas de nuestras vidas son aquellas en las que acopiamos el suficiente valor como para rebautizar nuestra maldad como lo mejor que hay en nosotros"
Friedrich Nietzsche
lunes, 8 de septiembre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
Ser
En un cuaderno viejo me encontré con estas líneas; aunque son un poco
duras muestran lo que es la verdadera y salvaje voz de una Sombra relegada a la
profundidad del Abismo interior. Espero la disfruten sin prejuicios.
“Ser” me ha costado mucho. Llegar
a ser “alguien”, convertirme en la “persona” que soy ha requerido un sacrificio
muchas veces insoportable. Ha implicado la automutilación constante,
fehaciente, férrea de los aspectos no aceptables para el “yo-policía”. Aquel
represor, ese fascista que me somete a la más absoluta ignominia para recibir
palmaditas en la espalda por parte del “yo-social”; ese polite y acomodaticio
personaje que orquesta mis visiones de la realidad y las alinea con lo que el
consenso social requiere. Este proceso me ha dejado una sensación indefinible,
pero poco tranquilizadora.
Es precisamente esa parte de mi
ser; sometida, esclava y condenada perpetuamente la que odia sin límite. La que
busca salir a toda costa, asesinando todo a su paso. Físicamente este
cautiverio me hace apretar los dientes: conteniéndolos para no morder y comer
la carne fresca de las víctimas propiciatorias de mi rebelión interna. Estoy
harto de este proceso de autorrepresión y autocontención; de ser un ente de luz
y de bondad. La bestia que han hecho ese par de enajenados personajes, el “yo-policía”
y el “yo-social”, quiere emerger para practicar ritos satánicos sobre las
carnes de sus tristes ofrendas: los antiguos verdugos.
Es la sombra la surge de las
tinieblas de su abismo, de su cárcel, de su esclavitud, de su penuria. Trayendo
consigo el fuego de la vendetta no sólo para sus captores y sino para todos los que han
dominado el resultado de estos ejercicios crueles de construcción – contención.
El salvaje ser oscuro quiere asesinar impíamente a aquellos oligarcas y parásitos
tecnócratas que con su vida de confort han insultado a la bestia. Que con la
desigualdad satisfecha han humillado los anhelos del Abismo de igualdad, libertad y
fraternidad. Son aquellos intocables y alabados hipócritamente en el ámbito
social y económico que el demonio interno quisiera apuñalar una y otra vez en
el vientre de su ambición, para libar sus manos con sangre, excrementos y
trozos de vísceras; así reivindicar el fruto de la retribución inmisericorde.
Estoy cansado de estar en manos
de estos insensibles, acomodados, indiferentes y despóticos reyezuelos. Pero
sobretodo de la tiranía que yo he impuesto sobre mí mismo para encajar. Para
alcanzar ideales de éxito, crecimiento personal y satisfacción material; que no
son más que falacias al servicio de los infames que están en el poder y que
quieren una masa popular dócil y maleable a las ‘’necesidades del Mercado’’. Lo
que es lo mismo que una población amoldable a los requerimientos de sus propios
intereses egoístas.
Por supuesto, allí también encaja
la relación con lo divino, lo cristiano en particular. Ese afán de tomar lo sacrosanto y
cagarlo generosamente o metérmelo en el culo, porque no se trata sino de
autocomplacencia o del apaciguamiento timorato del alma enajenada que grita
desde su celda.
Pero finalmente lo que quiero es
salir de la Oscuridad y del Abismo. No ser bueno, ni políticamente correcto
sino Ser. Destruir este ''yo'' lleno de hipocresía, mentiras y miedos para respirar
el aire fresco de la libertad. No quiero enfatizar sólo en la Luz; sino en las
Tinieblas también porque de igual modo son mi heredad. De hecho, el asesino caníbal
debe salir y fundirse en uno con el ángel de santidad. El ser entregado al
camino de la Verdad!
Un Sueño Lúcido Extraordinario
Un día soñé que A. y yo éramos almas gemelas; que es una norma
fundamental que siempre se hacen dos almas iguales pero diferentes, es decir
complementarias. En ese sueño sentí que yo era el alma femenina y él la
masculina. Vi en mi sueño que cuando las personas mueren pasan por un proceso
de “revisión” de su experiencia vital; es un periodo atemporal dónde se
analizan los hechos de la misma con la ayuda de “maestros espirituales”.
Usualmente después de salir de esta “reunión” hay una pared muy larga con
estantes que tienen comida de todas partes del mundo: allí el alma prueba una
de las comidas simbolizando el lugar del mundo dónde quiere renacer. Obviamente debe teniendo
en cuenta lo que aprendió en su anterior vida y en la revisión que se hizo.
Después se pasa a una “gran terminal” donde todas las almas se muestran con su
aspecto “real”, reflejando así su verdadera esencia
(masculina o femenina) y también adoptando una forma humana que es casi siempre
la misma (puede ser la de su primera vida?... la de su vida más importante?). Yo no podía ver mi forma, porque no había
espejos pero si veía a los demás; tranquilos, conversando, meditando… todos
vestidos de blanco.
Cuando una persona iba a volver a la tierra, siempre lo hacía en pareja…
siempre. En el sueño se me dijo que por esta razón nadie está sólo en la vida.
Muchas veces las almas gemelas se unen y vienen a la Tierra juntas; otras veces
no… hay libre elección de venir con quien se quiera.
Yo entré a esa revisión después de la muerte de mi vida actual, porque
el tiempo no existe y mucho menos el tiempo lineal como lo conocemos; da lo
mismo pasado, futuro o presente. Tuve una “reunión” después de mi muerte con
mis “maestros”; ellos me sirvieron de espejo y aprendí que debo ser más seguro de mi mismo,
saber que el poder está en mí, no en algo externo, que soy el creador de mi
vida y de la vida, que soy como un dios que hace la realidad a cada instante.
Que la tristeza que me acompaña desde hace muchos siglos sólo puede ser
resuelta por mí; al ponerme en paz conmigo mismo. Que debo saber quién soy y el poder que
tengo; ese poder que de hecho todos tenemos.
Una vez se terminó aquella sesión, salí de allí un poco indeciso y confuso. Dudé ante la larga pared con platillos del mundo, hasta que finalmente me decidí por tomar
comida del oeste de África, sabiendo aún que las condiciones de vida allí son muy difíciles. Quería renacer el
continente negro, pero faltaba ver que decía mi alma gemela. Tenía que
buscarla. Fui a la sala de espera y la encontré; era un hombre alto con barba,
muy masculino, tenía manos y brazos muy fuertes y grandes, sabía que era A. y
no pude sentir otra cosa más que un amor sin límites, un magnetismo
indescriptible. Cuando estuvimos cerca nos fundimos en un abrazo, que fue como si hubiese estallado una
estrella, de hecho salió una luz brillante de esa conexión. Hablamos de lo que habíamos
aprendido, él tenía que aprender a ser más paciente, más tolerante; sobretodo
consigo mismo, a perdonarse. Luego de hablar por un tiempo sin tiempo decidimos
volver juntos a la Tierra. Él quería nacer en Francia, tenía un apego especial a
esa tierra no sé por qué. Yo le dije que quería nacer en África, el no estuvo
de acuerdo y se molestó mucho. Pero yo accedí a ir con él a lo que antes era Galia,
muy a mi pesar. Sabía que no debía hacerlo; que debía luchar por mi propio
destino y no someterme a nadie, pero de todos modos lo hice y me dolió
mucho. Me sentía impotente, volvía a
sentir esa tristeza antigua y lejana que
habita en mi corazón.
Una voz potente y atemporal nos dio la orden de subirnos en una barca;
sobre las Aguas de la Vida, literalmente. Esta barca llevaba a las dos almas al
sitio donde debían nacer. Obviamente casi nunca nacían el mismo día, en el
mismo año o en el mismo lugar. Pero había un “lazo” que los unía y que los
obligaría a encontrarse en algún punto de sus vidas de manera inexorable.
Nos subimos juntos a “nuestra” barca. Me acurruqué detrás de su espalda, temeroso; esperando lo que venía, esperando el regreso. En el sueño me dio
miedo y a él también. Personalmente me daba miedo el dolor y la pesada carga de
retornar a la Tierra. Sólo recuerdo que íbamos para Francia; no sé qué pasó en esa vida. Sólo sé que A. había muerto y había vuelto con un
terrible rencor hacia mí y que yo había vuelto a morir terriblemente triste y
sólo; impotente y desgarrado.
Volví de nuevo a salón de “revisión”. No me había ido muy bien
en este aprendizaje, había hecho justamente lo que no debía, esperar en otros,
no asumir mis responsabilidades y deprimirme por la tristeza que me oprimía
desde tiempos sin memoria.
A A. le había pasado algo parecido, no había logrado liberarse de sus
propias cadenas; no había sido una buena experiencia juntos. Cuando salí de
nuevo a la “terminal” A. me miró con mucha rabia y no quería hablar conmigo, no
quería darme el “abrazo”. Yo me sentí terrible, extremadamente triste.
Luego él se subió en una barca con otra alma; no sé de quién. Mi reacción fue de quedarme petrificado, no sabía que hacer, me sentía muy sólo. Lloré mucho.
Pero después de un tiempo de estar allí parado sin saber que hacer se me
acercó otra alma; de hecho me comunicó que quería volver a la Tierra conmigo. Aquel espíritu no me era del
todo desconocido, ya lo había visto y
había hablado con él en la “terminal”. Además, la había conocido y vivido con
ella en varias vidas. En efecto, era el alma del que hoy es el hermano de A.: J. Este
espíritu tenía la apariencia de un hombre bajo, de ojos azules y pelo rojo, yo
le había dicho muchas veces “el celta”
cariñosamente. Me invitó a volver a la existencia humana con él. Curiosamente me detuve en el sentir de soledad; accedí. Me dio la mano y me dijo
que no me dejaría sólo durante esa vida. Nos subimos y renacimos en algún país
europeo, no se cual. Toda la gente era de raza blanca, alta y de ojos azules.
En aquella vida fui una mujer. Crecí como una niña feliz, amada por mis padres,
sin problemas de ningún tipo. Maduré y me hice enfermera. Me hallaba en el “futuro”, la
gente vestía diferente y había más tecnología. Yo era una joven bonita y lo
tenía todo en la vida. Un día en un centro de reunión de personas vi a un joven
muy alto, musculoso, con los ojos azules y el pelo rojo. Al instante hubo amor a primera vista. Empezamos a salir y después de un tiempo nos casamos. Él
era un deportista de profesión, así se ganaba la vida y yo empecé a hacer deporte con él. Me convertí en una mujer muy bonita y atlética; era rubia, con el pelo corto y un cuerpo firme y femenino. Pero lo
más importante para mi era que me sentía más tranquila.
En esa vida tuvimos mucho dinero, pero no hijos. Ese hombre nunca me
dejó, nunca me abandonó, nunca me fue infiel. Siempre me amó. Yo morí después
de los sesenta años, no conozco la causa. El hombre que me acompañó toda la vida
era en realidad el alma del hombre bajo, de ojos azules y pelo rojo. Cumplió su
promesa cuando me invitó a subir con él a la barca!.
Después de la muerte, de nuevo entré a la “revisión”. Esta vez lo había
hecho mejor; estaba más cerca a aprender todo lo que debía y dejar de renacer
en esta Tierra. Al salir decidí no volver a la terminal, decidí quedarme un
poco más con los “maestros”. Sabía que
las almas gemelas siempre terminarían juntan, así tardase eones lograr esa
unión, por eso no salí a buscar a la mía.
Por la decisión que tomé me llevaron a la “casa” de un alma maestro
masculino, era un anciano afable y bueno. Allí conocí a su alma gemela. Era una
mujer muy hermosa, de mediana edad y de rasgos mediterráneos. Con ella aprendí
mucho a través de diferentes “visiones” y “recuerdos”. Entendí que el poder
está en mí, yo soy parte de Dios y creo mi realidad, soy el único responsable de mi vida
y mi destino. Cuando le pregunté cómo lograría sacarme de encima la tristeza,
me llevó a una casa muy antigua – parecía un templo arcano - y en ruinas. Me
dijo que esa era mi casa ancestral y que me dolía tanto porque esta todo
parcialmente destruido. Aunque bajo los escombros había riquezas inimaginables. Allí no
había nadie más, sólo ella y yo.
Me dijo que debía reconstruirla y darle el esplendor inicial, un brillo
sólo puedo yo devolverle. Dándome el lugar que me merezco y haciendo un pequeño
reino en ese hogar; así todos querrían venir hacía mi casa. Así me haría
“maestro” y dejaría de renacer en la Tierra. Pasaría a otro estado; más elevado
y en últimas más feliz.
Lo entendí, pero no supe cómo hacerlo. Quise regresar con ella, pero me
pidió que no lo hiciera. Me dijo que yo debía seguir mi propio camino. Debía volver a renacer, para seguir
aprendiendo y por fin de alcanzar algún día ser “maestro” y ayudar a otros. Ese era el
verdadero ciclo de las almas.
Entonces una luz enorme salió del cielo y desperté.
Ese fue mi sueño. Creo que lo tuve porque el tiempo no existe. Me llama
la atención que en algunas ocasiones antes de dormir, algunos meses atrás
había pedido a Dios o a la Vida con toda mi alma tener un sueño revelador; que
me ayudará a entender la existencia. Recuerdo que a la siguiente mañana me
levantaba decepcionado, había visto sólo tonterías o no había soñado nada. Pero
todo lo que uno desea llega; no inmediatamente como si fuera magia Llega en un
tiempo que no entendemos con nuestra limitada comprensión del universo. Al
despertar tuve la certeza que eso de que somos como dioses y creamos la realidad a
cada respiración es cierto.
Caí en la cuenta que finalmente tuve ese sueño revelador y creo con todo
mi corazón que fue real. También sentí que se pueden cambiar cosas y que no
necesariamente mi tiempo “futuro” será de esa manera. De hecho según la física
cuántica el universo es sólo un conjunto de muchas posibilidades y esa sólo una
de ellas. Puedo hallar un camino
diferente si me hago el único responsable de mi vida y que si realmente
comprendo que este sentimiento de profunda tristeza no es más que la reacción a
la impotencia autoimpuesta que le dado a mi existencia, una emoción que tal
vez se ha moldeado a lo largo de muchas
vidas y gracias a la acumulación de tristezas antiguas, que en efecto debo dejar ir. Es decir, debo
empezar a reconstruir mi casa interior; mi palacio.
Kali Maa, los Ascetas de la Muerte y el Demonio Interno
Cuando vi a Kali Maa por primera
vez hace muchos años sentí terror. Al ver aquella mujer con una melena
desordenada, cuatro brazos sosteniendo entre otras cosas una cabeza cercenada y
un arma ensangrentada. Con una falda elaborada de brazos amputados y un largo
collar hecho de cabezas cortadas a manera de guirnaldas. Un escalofrío de
pánico e incomprensión recorrió mi por entonces pequeño cuerpo. En su rostro
hay una expresión fiera con una boca de colmillos largos, lengua afuera y sangre
alrededor de los labios. Finalmente se ve de pie sobre un hombre que parece
indefenso y sometido; que resulta ser el Señor Shiva.
Sin embargo, si se dejan de lados
los juicios incoherentes basados en el miedo y la ignorancia, si se abandona el
fanatismo religioso y la flojera intelectual se llega a descubrir que la Señora
Kali es todo lo contrario: es una madre protectora, una benevolente diosa y una
asesina de demonios. Pero antes de hablar de las hazañas de la diosa hablemos
de su naturaleza.
Lo primero que se debe destacar
es que ella es el Shakti del Señor Shiva. Esto es, que es el lado femenino de
la energía esencial del dios. Esto implica que ella por sí misma y separada de
él no puede existir y que él sin ella no se puede manifestar en la Tierra.
Kali, cuyo nombre significa literalmente La Negra, es en efecto una de las
facetas de Parvati la consorte cósmica del Señor Shiva. Encarna la fuerza
destructora del dios, por medio de la cual modifica y re-crea el mundo. Es ella
la que, en el sentido práctico, a través de su danza sagrada arrasa con el
pecado, la ignorancia, el estancamiento y la decadencia. Además practica con el
dios el tantra sagrado; la mixtura divina de las energías opuestas y
complementarias y obviamente logra aprehender la verdad última del Universo
encerrada en Kali Maa cómo la realidad última también, aquella que está por
encima del mundo del engaño de Maya.
Volviendo a su historia, los
dioses estaban luchando contra los demonios en cabeza del temible Raktavija.
Este demonio tenía un particular manera de hacerse poderoso; cada vez que una
gota de su sangre tocaba el suelo de ella nacía un nuevo demonio igual a sí
mismo. En este campo de batalla los dioses estaban perdiendo el combate, el
control del mundo estaba en juego. Viéndose superados por la potencia de las
huestes infernales decidieron pedir ayuda al benevolente dios Shiva. Sin
embargo, cuando llegaron a su morada lo encontraron en un estado profundo de
meditación y no pudieron tener contacto con él. Fue entonces que Parvati, su
esposa, se ofreció a darles una mano a los dioses en su batalla contra el mal.
Se convirtió en Durga, la manifestación guerrera del Shakti del Señor Shiva, y
montada en un enorme león irrumpió en la lucha destruyendo ella sola un
batallón de demonios. Se dice que sólo en ese momento Raktavija sintió un auténtico
espanto. No obstante, cada vez que Durga hería al demonio más “clones” suyos
surgían del suelo.
Fue allí que la Señora Kali, la
faceta más aterradora del Shakti shivaíco, entró en escena. Durga se transmutó
en La Negra; una mujer guerrera de la piel oscura como la noche eterna y con
atuendo hecho de miembros y cabezas cercenadas. Con su arma sagrada cortó el
cuello del Raktavija y para evitar que se reprodujera de nuevo saltó sobre su
cuello y bebió toda su sangre. El demonio había sido derrotado y su cabeza fue
cortada de tajo de sus hombros. Después le pidió a los dioses que atacaran a
las réplicas demoniacas, y con ayuda de sus colmillos filosos y su lengua larga
y dúctil succionó la sangre del cuerpo de las legiones infernales. De este
modo, Kali Maa la guerrera logró destruir al mal.
Sin embargo, al estar embebida en
medio de esa orgía de sangre y muerte accedió a un trance y empezó a efectuar
la danza de la destrucción sobre los cadáveres inertes de los demonios derrotados.
Esto amenazó con destruir al mundo y la creación empezó a ceder ante la danza
destructiva de la diosa. Los otros dioses impotentes fueron a buscar de nuevo a
Shiva ante la perspectiva del fin del mundo. Por suerte lo encontraron
despierto y lo guiaron al campo de batalla. Kali en algún estado alterado de
consciencia continuaba destruyendo lo existente y Shiva intentó
infructuosamente hacer entrar en razón a su Shakti. Por tanto, y como medida de
salvamento se lanzó al piso en medio de los cadáveres de los demonios para que
la diosa bailara sobre él y así poder salvar al mundo.
El Señor Shiva, el benevolente,
estaba siendo inmolado por salvar lo que existe y fue allí cuando Kali se dio cuenta
de lo que estaba sucediendo. Cuando estaba a punto de terminar con el dios,
ella logró volver en sí y al ver a su amado a sus pies al borde de la
inmolación sacó la lengua ensangrentada en un gesto fiero y se detuvo. Esa es
la imagen que vemos muchas veces, en la que Kali con una actitud salvaje se
halla posada sobre el mismísimo dios Shiva.
Así, los devotos de Kali Maa la
ven como la Madre Primordial. Como la amorosa, la protectora, la que destruye
la mentira, la que acelera el fin de lo que debe terminar, la fuerza
destructora que precisamente como el baluarte de la creación y la vida. Por tanto,
no es de extrañar que sea una de las diosas principales del Hinduismo,
ampliamente adorada en el norte de la India y matrona de la ciudad de Calcuta; erigida
en su nombre.
Por otro lado, desde un punto de
vista tántrico Kali Maa encarna muchos conceptos. Uno es la consorte del dios
Shiva, recordemos que Shiva es el dios de la energía masculina primordial, y la
unión de ambos representan la conjunción de las fuerzas primarias del Universo.
También se la ve como La Noche Eterna, el principio básico de donde todo viene y
a donde todo va; como la Realidad Ultima más allá de este mundo de apariencias
gobernado por Maya, la Ilusión. Pero también simboliza la realidad que sin la
muerte no hay vida y que la muerte es la otra parte de la vida.
Es aquí donde hacen aparición los
Aghori. Esta es una secta del Hinduismo aborrecida por la mayoría de las otras
sectas de religión de la India. La separación no se desprende de un dicotomía doctrinaria o
de la no pureza de la religión, conceptos casi ausentes en Oriente, sino de su
costumbre ritual de comer carne humana. Antes de que el lector entre en shock
por esta declaración examinemos un poco más en detalle lo que es un Aghori y en
lo que cree este asceta particular del Hinduismo. Para ellos todo es Dios y Dios
no es sólo aquellos aspectos luminosos que nos gustan tanto, sino también
aquellas facetas poco reconocidas como el desapego, la muerte, la oscuridad o
la descomposición.
De este modo, la vida de un
Aghori es una vida por definición ausente de todo amarre material. De hecho, estos
ascetas no tienen nada más que su cuenco hecho con un cráneo humano para comer
y beber. La mayoría vive en la ciudad de Benarés, la ciudad de la muerte de la
India, donde se efectúan los oficios funerarios de los hinduistas y sus restos
son lanzados al río Ganges. En efecto, su vida religiosa – la mayor parte de su
tiempo – discurre precisamente en los distritos asignados para tal fin. Allí
andan desnudos, cubren su cuerpo con las cenizas de los muertos o usan algún
sudario abandonado que algún tiempo atrás cubrió un cuerpo inerte. Se alimentan
exclusivamente de las ofrendas dejadas a los muertos, compartiendo sin ningún problema
su sustento con los perros callejeros y de vez en cuando consumiendo trozos de
carne humana. Obviamente estas piezas de alimento se sacan de cuerpos muertos
lanzados sin cremar al río Ganges.
Todas estas prácticas se enmarcan
en el tantrismo shivaíco, adoración del Señor Shiva y la Señora Kali, para
algunos extremo. Cubrirse con restos de muertos, usar sus sudarios o comer y
beber en un cráneo humano son un recordatorio que somos transitorios, mortales
y que por tanto todos los apegos a los afectos, las cosas materiales o a
nosotros mismos no son más que una ilusión; una pérdida de tiempo que no nos
deja ser libres en realidad. Comer con los perros, no usar vestuario alguno o la cercanía con la muerte son una muestra
más de ese desapego pero también que todo está unido; que hay una unicidad
universal y que esta sensación de estar separados, de que existe un yo definido
e inherente en nosotros es en realidad la ilusión conocida como Maya.
Del mismo modo, comer carne de cadáveres
en descomposición o meditar en las horas donde popularmente salen los espíritus
de los muertos a vagar demuestran que Dios está en los cuerpos en
descomposición, en las cenizas de la vida, en la muerte, en los espíritus
fantasmales atormentados y aun incluso en los demonios. Precisamente en los
Aghori reside un inusitado poder: el poder para echar fuera demonios y
fantasmas. De hecho, son conocidos en toda la India por su dominio sobre dichos
espíritus y la autoridad con la que los obligan a salir de la vida y el cuerpo
de los seres humanos atormentados por sus oscuros influjos.
Por mi parte reconozco que
encuentro una gran afinidad con la filosofía de los Aghori; ese desapego, no sólo de lo material, que hace de estos ascetas hombres realmente libres (aunque confieso que
me veo por el momento muy alejado de sus prácticas cultuales o de la perfección de su desapego). Por
supuesto debo señalar además, que encuentro en Kali Maa una diosa representativa en mi cosmogonía.
Curiosamente he soñado muchas veces con la guerra contra los demonios, una
lucha cuerpo a cuerpo destruyéndolos, desterrándolos de la faz del planeta y
no haciendo caso al terror que infunden. Pero también a veces identifico el mal
dentro de mí; un afán de poder, de invulnerabilidad, de dominio sobre el
Universo entero que parece atisbarse como una abominable luz oscura en las
profundidades de mi pecho.
No obstante, ahí está Kali Maa: La Negra, La Oscura, La
Noche Eterna, La Muerte, El Tiempo, el agujero negro que lo engulle todo para
volverlo a crear (en otra dimensión?) es el arquetipo de la transformación, del
amor, de la protección, de la verdad infinita de que sin muerte no puede haber
vida.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Tétrada, Nivel Superficial
He estado pensando en las
enseñanzas de mi tétrada de dioses. Obviamente se pueden extraer elementos
nutritivos en múltiples niveles, estratos o dimensiones. A este respecto,
pienso que se puede comenzar por lo más exterior. Por lo aparente. En consecuencia,
advierto que cada dios tiene sus propias características delineadas por algunas
actividades o actitudes.
En este sentido, veo que Buddha
medita, que reflexiona, que estudia. Se puede decir, que el Iluminado aborda el
tema existencial desde un punto de vista mental. Claramente no se trata sólo de
cerebro. Se debe entender la mente desde un espectro más amplio. Al meditar nos
comunicamos no sólo con la fuente de los pensamientos, sino además con el
cuerpo, las descargas hormonales, las emociones y los sustratos sutiles o
etéreos del ser. La acción de meditar es absolutamente necesaria para
comprender mejor los fenómenos de la existencia; para serenar el alma y/o el
espíritu. Para detenernos y conectar con esa fuente de unicidad en la que sin
darnos cuenta nos movemos.
![]() |
| La flor de loto, símil usado ampliamente por Buddha |
Del mismo modo, es indispensable
reflexionar sobre aquello que nos atañe; que el corazón nos indica. Sin
embargo, esto se debe hacer con moderación y equilibrio. Porque si
sobre-pensamos, si analizamos demasiado nos desconectamos de la experiencia y
caemos en una de las ilusiones de Maya: la creencia errónea que todo es
“cerebral” y que lo único que existe es el concepto abstracto. Finalmente,
debemos contemplar a Buddha no sólo en la meditación y la reflexión sino
también en la búsqueda del conocimiento. Aquí debemos hacer la misma salvedad
que en cuanto a la reflexión: la instrucción intelectual por sí misma no es
suficiente. Al contrario, se torna vacía y venenosa cuando no va de la mano de
la experimentación; del sencillo ejercicio de poner en práctica aquello que se
aprende y se le da la dimensión real de sabiduría a un simple conocimiento
seco, rígido, un enunciado sin valor inherente.
Por su parte, si nos detenemos a
observar a Inanna vemos su furia guerrera, su seducción sexual sin límites, el
amor con que se entrega a sus bienamados. La Reina del Cielo hace la guerra sin
cuartel a sus enemigos, esto se puede aterrizar en varias acciones concretas:
una lucha interna contra todas aquellas cosas que nos permiten llegar a un
estado de completitud. Un deshacerse de todos los lastres sociales, morales,
intelectuales, religiosos, familiares y de personalidad que nos atan a patrones
de conducta destructivos para nosotros mismos. Obviamente se debe tener en
cuenta el bienestar del otro, porque también Inanna nos enseña a defendernos
ante las agresiones externas. No podemos ser simples ovejas listas para que el
lobo devorador nos tome como cena! Lo que implica que debemos respetar a
nuestro prójimo y pensar en sus necesidades como si fuera para nosotros mismos,
porque eso hace parte del respeto indispensable para vivir en grupos sociales. También
se puede interpretar que la práctica de algún ejercicio físico demandante nos
puede ayudar a conectar con ese lado luchador, vencedor y sobreviviente que
todos tenemos y que es necesario adoptar y canalizar.
![]() |
| La estrella de ocho puntas, símbolo de la Reina del Cielo |
Asimismo, la Estrella de la
Mañana nos muestra el camino del tantra: de la realización espiritual y sublime
a través del sexo. La diosa nos invita a practicar todo aquello que nos sea
necesario para encontrarnos con nosotros mismos y con el Universo. Recordando eso
si dos premisas básicas: siempre debe haber consenso y respeto con las parejas
sexuales y recordar que en el sexo dar y recibir son la misma cosa. Por último,
Inanna nos guía en el camino del amor de pareja. Demostrándonos que no debemos
encasillar los diferentes tipos de relacionamiento, porque hay tantos tipos de
amor como seres humanos en el planeta Tierra. Ella nos invita a romper los
estereotipos y fluir libremente con nuestro/a/os/as pareja/s en consonancia con
las vibraciones del amor universal.
Al mismo tiempo, al elevar
nuestra mirada a la Señora del mar y de la luna vemos unos valores diferentes a
los anteriores, pero complementarios. Yemanyá nos lleva a las profundidades del
abismo para explorar, nos da su mano dulce y nos conduce por las sendas ignotas
de los laberintos ocultos del ser. Nos invita a conocernos a nosotros mismos a
través de los recovecos de la autoexploración. Como es lógico, esta actitud
requiere sinceridad, constancia y valor porque sumergirse en cavernas
subterráneas y anegadas no es fácil y requiere una buena dosis de autodominio.
![]() |
| El pez, la luna y las estrellas asociadas a Yemanyá |
La Diosa Reina del Mar también,
nos invita a crear. A dar vida a través de la maravillosa cualidad que tiene el
hombre de hacer algo de la nada por a través del empleo de símbolos. Cada
actividad creativa, artística o de desarrollo está bendecida por la diosa
maternal. Todo acto de fecundidad, de explosión creadora lleva intrínseco el
guiño dulce de su amor. Del mismo modo, tiernamente nos sugiere el
mantenimiento del equilibrio y el autocontrol; el límite necesario para poderle
dar cuerpo a la experiencia y no perderse en las galerías a veces engañosas de
la experiencia sensorial. Finalizando, Yemanyá invita al ser humano a dejarse
llevar por las corrientes de la vida; teniendo la confianza que ésta nos
llevará justo al lugar donde debemos estar. Le propone al hombre abandonar la
fijación enfermiza con el control de cada elemento, grande o chico, de la vida.
Le infunde el valor para dejarse sorprender y conectarse así con el flujo de la
experiencia vital.
Por último encontramos a Shiva,
el benévolo dios que ama a cada ser viviente en el Universo. Pero que al mismo
tiempo trae la destrucción por amor, por compasión con los seres vivientes.
Esto se entiende porque en su infinito amor sabe que ningún ser finito puede o
quiere afrontar la eternidad. A través de su danza no sólo derriba lo
existente, sino que también re-crea para dar de nuevo vida y oportunidad de
crecimiento a nuevos seres en el ámbito material, aunque en el ámbito sutil pueden
ser los mismos seres encarnados una y otra vez. Con sus movimientos alivia el
sufrimiento y da la alegría de renacer, de tener una nueva y sagrada
oportunidad de aprender. Por eso cada vez que danzamos recordamos la
profundidad de la espiral ascendente, del ciclo del propósito del ser
consciente y de la vitalidad renovada. Podemos recordarlo cada vez que danzamos
y expresamos a la Creación por la vía de nuestros propios movimientos.![]() |
| OM con el trincho, el símbolo de Shiva |
Asimismo, Shiva es el protector
de la naturaleza y nos invita a protegerla también. Nos señala que somos parte
de ella, que la separación con ella y con todo lo existente no es más que una
ilusión; un truco de esta realidad aparente. Cuando hacemos algo bueno por
cuidar el medio ambiente, cuando protegemos una fuente de agua, un árbol o un
animal estamos honrando profundamente al espíritu bondadoso de dios gusta de
cubrirse con ceniza sagrada; ceniza de muertos. Shiva también nos enseña a
tratar a todos los seres por igual, a ser considerados y amables con todos por
el solo hecho de existir. Ya que por algo todos estamos compartiendo la misma
realidad; las distinciones de clase social, ámbito cultural o apariencia física
no significan nada en el corazón insondable y bondadoso de Shiva. Él nos
demuestra que estamos aquí para aprender de todo y de todos; del pobre, del
rico, del humilde, del sabio, del ave, de la fiera salvaje, de la luna, del
río, del amanecer. Nos insta a conectarnos con la experiencia; a detenernos y a
darle un sentido profundo a la vida.
De este modo, navegando por los
conceptos aparentes de cada arquetipo logro comprender lecciones trascendentes
para mi vida. No obstante, este ejercicio es sólo una enumeración orientada al
registro, a evitar el olvido, y no a la enseñanza de ningún tipo. Lo importante
aquí es vivir lo que cada uno de mis dioses me quiere regalar como un don
invaluable, como un tesoro precioso para hacer más completa, real y llena de
significado mi propia existencia.
La Reina del Mar
Locura. Voluntad de vivir. Fuerza vital desbordante.
Pasión sin freno, sin consecuencias. Estos son algunos de los retos que nos
impone Inanna. Nos invita a seguirla, a amarla, a través de la conexión con las
propias pasiones, de la corporalidad desinhibida, de la lucha por la
dignificación del derecho a ser un ser humano.
Sin embargo, si la adoramos con fervor puro, no consciente y entregado
corremos el riesgo de caer en los remolinos de la pasión que somete; que
succiona hacia el centro de su seductor corazón que devora la cordura de los
hombres.
Hace algún tiempo me di cuenta que mis dioses, al ser
una triada, no podían representar los cuatro elementos en una relación de uno a
uno. Se me ocurrieron soluciones como asociar a uno de ellos la potestad sobre
dos elementos, pero finalmente consideré más conveniente agregar una deidad más
a mi panteón tutelar. Obviamente, adoptar un nuevo dios con el fin único de que
me cuadren las cuentas es una ridiculez – el rictus de un estructuralista a
ultranza –, por tanto debo confesar que decidí darme a la búsqueda porque había
algo que me faltaba. Tal vez algo o alguien que hiciera contrapeso a las
fuerzas volcánicas de Inanna.
Así pues, asocié libremente a cada dios con un elemento.
Buddha con el aire debido a la sutilización de la existencia que propone; la
energía sublime e invisible que emana de su arquetipo. Por su parte, Shiva fue
ligado al elemento tierra: es el dios tutelar de las plantas, los animales y la
naturaleza en general. Además, a través de los procesos de destrucción /
re-creación permite la vida y la fertilidad de la tierra en su conjunto.
Finalmente, a la Reina del Cielo le asigné el elemento fuego, porque representa
las fuerza vital – volcánica e incandescente-
del universo; la pasión desmedida
y el fuego abrazador de la guerra. En consecuencia me faltaba quien
representara el elemento agua.
De este modo, me di a la búsqueda de los dioses del
agua. Después de algunas horas surfeando en la red encontré muchos, sin embargo
yo quería que fuera una mujer para dar más equilibrio a la antigua triada. A
pesar de que había varios candidatos y candidatas, pronto descubrí una diosa
muy interesante: Yemanyá. Originaria de
la religión yoruba de la actual Nigeria, viajó con los esclavos africanos hasta
América y una vez allí los acompañó en su duro destino; jamás los abandonó.
Como una madre bondadosa secó sus lágrimas, curó sus heridas, hizo que
fructificaran sus vientres en medio de la más espantosa esclavitud. Incluso por
amor a sus hijos llegó a cambiar su nombre y su rostro; camuflándose bajo la
apariencia de la Virgen Stella Maris y esperó pacientemente al lado quienes la
amaban.
De hecho Yemanyá, es una diosa madre. La progenitora de
todos los orishas y la dueña del mar y de las aguas. Se sumerge en las
profundidades del mar, en las cuevas ocultas dónde esconde incontables tesoros
nativos del océano. Invitando al adorador a ir profundo en su interior, a
integrarse consigo mismo como si de una musa junguiana se tratara. Además, al
ser la madre universal de la religión yoruba es la patrona de la creatividad;
todo aquello que implique esta cualidad – como escribir por ejemplo – entra en
su zona de influencia.
Pero lo que más me llama la atención de ella es que puede
ser un contrapeso de Inanna porque insta al autocontrol, al equilibrio, a la
armonía. Precisamente es esa armonía entre la exploración trascendente y el
placer sensorial la que necesito en este momento de mi vida. Tal vez es el
contraste que le da una dimensión más profunda a mi relación con la voluptuosa
Reina del Cielo. Y es que la Diosa Reina del Mar, como le conocen sus
allegados, encarna el arquetipo la madre no asociada a la sexualidad. La diosa
creadora por excelencia; todo lo contrario de la figura femenina que asume
Inanna. Tal vez, incluso, Yemanyá ayude
a descubrir temas ocultos a mi comprensión racional en cuanto a la relación con
la matriz, la unión con el sustento vital que se materializa en mi vida humana
a través de mi propia madre; un tema poco explorado pero no por eso carente de
un potencial rico en autoconocimiento.
Siempre he creído que soy una persona fuerte, que no
necesito la figura materna. No obstante, en la vida me he dado cuenta que esa
presunción es sólo una ilusión y que en los momentos difíciles necesito el
cálido regazo de una madre como cualquiera. Es por todas estas razones que
adopto a Yemanyá como mi cuarta diosa tutelar y la incluyo en mi panteón al
mismo nivel que Buddha, Shiva o Inanna. Su arquetipo será útil en mi
exploración interna y externa, meditaré en ella y la seguiré en los aspectos de
mi vida en que pueda recibir su concejo.
Dejaré que las aguas que emanan de sus pechos amorosos y
maternales laven mi ser, lo limpien y lo purifiquen. También que dejen al
descubierto tesoros escondidos al interior. Me entregaré al flujo, a la
corriente de la vida porque ella me transportará al lugar justo dónde debo
estar.
viernes, 22 de agosto de 2014
Aunque lo Quise
No tengo la fe, la obediencia ni
la entrega de las verdaderas gentes del
Libro; aunque lo quise.
No tengo una familia, “núcleo de
la sociedad”, con una linda mujer, un par de hijos, un perro, una casa, un auto
y una finca; aunque lo quise.
No tengo una visión del mundo que
encaje en el patrón socialmente aceptado; aunque lo quise.
No tengo la resignación ante la realidad,
esa la feliz estupidez del hombre común – del alegre televidente-; aunque lo
quise.
No tengo la capacidad de la sutil
hipocresía, ese arte de tener vidas paralelas. Donde en una se es el padre,
esposo, trabajador, ciudadano ideal mientras que en la otra se desfoga la volcánica
pasión de la vida; aunque lo quise.
No tengo la definición sexual exclusiva casi
vocacional del heterosexual, ni la solidez estructural de orientación, por encima de todo, del gay; aunque lo quise.
No tengo la capacidad para
mantener, y para ser feliz, en una relación de pareja convencional. Ese imperativo
de clausura, de exclusividad, de autosustento y de resignada humildad; aunque
lo quise.
No tengo el cuerpo perfecto, la
sonrisa inmaculada, la actitud arrolladora que me abriría las puertas de los
caminos, los cuerpos y los corazones; aunque lo quise.
No tengo el dinero o el éxito profesional
sin límites que me propuso la sociedad en la que nací; aunque lo quise.
No soy el padre ideal, sin
errores, siempre modelo a seguir, un refugio en la tormenta; aunque lo quise.
Sin embargo, a pesar que quise
todo esto, y lo intenté con todas mis fuerzas sin lograrlo, si miro hacia
adentro; si me alejo de los afectos y los estándares sociales puedo decir que he
ido encontrando la felicidad. Porque cada vez siento que me acerco más a quien
soy en realidad; un ser humano mortal y un ser espiritual eterno que debe vivir
una determinada experiencia por cierto maravillosa, aterradora, desoladora,
triunfante, profunda, sobrecogedora, hermosa y llena de amor a la que comúnmente
llamamos vida.
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