Las mejores épocas de nuestras vidas son aquellas en las que acopiamos el suficiente valor como para rebautizar nuestra maldad como lo mejor que hay en nosotros"

Friedrich Nietzsche

sábado, 13 de septiembre de 2014

Reencarnación?

Hace algún tiempo hice un ejercicio de regresión a vidas pasadas en la comodidad de mi casa y con los bolsillos vacíos, con la ayuda de un par de grabaciones que bajé de internet (Hablo sobre el estado de mis finanzas porque aunque quería tener esta experiencia, no tenía el dinero para pagar algo similar). Cuando terminé acudí a mis recuerdos de la experiencia y los escribí inmediatamente. Cabe anotar que cada una de estas ‘’personajes’’ tiene una intensidad emocional diferente y eso se nota en la pasión y el estilo de las líneas que siguen, siempre en primera persona:

Samara. Holanda, era una niña pobre del siglo XVII. Viví siempre cerca al mar sin haberme subido jamás a un barco. Mi padre fue capturado, llevado a las mazmorras y muerto por los españoles. Mi hermano mayor se fue en un navío y nunca volvimos a saber de él. Me quedé sola con mi madre; una bastarda con cara de cerdo que me insultaba. Tenía dos hermanos menores: Lief y Nicholas. La maldita vieja estaba enferma y no salía de la cama. Yo debía trabajar para malvivir. Lo hacía en una factoría cerca de la costa. Siempre llevaba las manos sucias. Yo era flaca, rubia, débil y sentía mucho odio por los españoles y por mi madre.

La maldita murió y yo tuve que cuidar a Nicholas y a Lief. Las autoridades de la ciudad me los querían quitar! Yo intenté escapar, pero me quitaron a Lief. Logré huir con Nicholas en los brazos; él era aún muy pequeño. Me dirigí al sur por la costa. Llegué a lo que hoy es Bélgica. Allí trabajé como prostituta; así pasaron muchos años. Nicholas se convirtió en un hombre joven, él trabajaba haciendo cualquier cosa. Un día se fue y me dejó sola el desagradecido!

Después, tuve dos hijos sin padre: un niño y una niña, por ese entonces se desató la guerra con Francia. De repente no veía nada: había mucho humo y estaba oscuro, buscaba a mis hijos; la niña era apenas un bebé y murió. Abandoné su cuerpo; en ese momento debía huir con mi hijo en brazos y logramos escapar! Pero, alguien me perseguía porque decían que había dejado morir a la niña; no pude hacer nada por ella como con Lief! La historia se repitió!

Pasó el tiempo. Estaba enferma; tosía mucho, estaba en cama. Mi hijo ya era un muchacho. Él nunca me abandonó. Morí joven; no tenía más de cuarenta años. Estuve algún tiempo en un lugar gris, llorando. Aprendí que se viene al mundo solo; que no debo apegarme a nadie.

Continuo con una siguiente vida: Armos, Egipto, principios de la Era Cristiana. Estaba en una ciudad costera y era un esclavo. Era hijo de esclava y nunca me había alejado de aquel lugar. Tenía veinte y tantos años, era un hombre atlético, moreno y con el pelo muy corto. Usaba sandalias de piel, una túnica café de lino crudo y un cinturón trenzado de cuero. Siempre había hecho lo que me ordenaba el amo: era un viejo miserable, gordo, egocéntrico. Él se hacía pasar por romano. En el fondo lo quería como mi familia; había sido toda la vida mi figura paterna y nunca fue malo con mi madre o conmigo.  

En aquella existencia no quería tener hijos porque no quería que fueran esclavos como yo. Yo quería ser libre. Desde pequeño había obedecido a mi madre y al amo en los asuntos de su casa y luego en sus negocios.

En algún momento, había un sucio liberto que robaba al amo; yo me di cuenta y lo denuncié. Al enterarse el amo lo quería matar y el desgraciado huyó. Cuando sucedió eso el amo me puso la mano en la espalda y me dio las gracias por mi servicio; para mí aquello fue maravilloso!

Poco tiempo después el amo me encomendó la tarea de transportar una suma de dinero. Iba con una túnica fresca con capucha, ocultando mi rostro, con una antorcha en la mano en paralelo al acueducto. Estaba solo y el liberto apareció con dos hombres más; después de dirigirme unas breves palabras me apuñaló en el riñón, hubo también una perforación  en el estómago y  un corte profundo en el cuello del lado izquierdo. Caí al suelo y los criminales me golpearon; me patearon salvajemente. Me desangré, mientras veía los hombres correr con el dinero del amo. Al morir, observé sus sandalias y la antorcha que yo portaba; cerca a mi cuerpo. Cuando abandoné mi forma corporal floté libre; hacia la luz. Yo quería ser un buen esclavo y así tal vez ganar la libertad. Pero realmente nunca la obtendría; no con el amo que tenía. Aprendí que mi primera lealtad debe estar conmigo mismo. Debo buscar mi propio destino; ser libre!

Finalmente, tuve una última experiencia. Ahmata, una mujer blanca y muy bella descendiente de una antigua familia de estirpe griega. Viví sobre el siglo IV d. C. y fui sobrina del emperador del Imperio Persa. Me sentía superior en mi juventud; tenía esclavos que me asistían. Era una mujer muy consentida por la vida! Aunque mi padre había muerto de una manera muy extraña; él estaba en las Torres del Silencio. Con su partida, se había ido para mí la protección. Me casé con el sátrapa de una provincia occidental del Imperio; justo dónde ahora está la frontera de los actuales Siria e Irak. Mi tío, nos mantenía bajo amenaza! Nos sometía cautivos a mi esposo y a mí en una jaula de oro.
Pasó el tiempo y volvimos a la capital imperial. Durante mucho tiempo deseé la muerte de mi tío; pero me sentía impotente, amenazada. Además, tenía el ‘’vientre seco’’: nunca pude producir descendientes. Después del tiempo fue claro que no era una amenaza para el Gran Emperador!. En consecuencia, empecé a sentirme más tranquila, exiliada en el palacio imperial; había mucha gente que me quería. Pero algo muy fuerte para mi pasó: en alguna fiesta en palacio mi tío me dirigió una mirada amenazante. Me sentí vulnerable de nuevo.

Pasaron algunos años, yo me estaba muriendo por la maldición en mi vientre. De repente me vi rodeada de doctores y sacerdotes, hombres buenos y sinceros que quisieron hacerme el poco tiempo que me quedaba más tolerable. En mi muerte, estuve rodeada de personas que me querían; curiosamente allí no había nadie de mi familia, todos aquellos seres bondadosos eran parte de la corte de palacio. Al salir del cuerpo, floté hacía la luz. En aquella oportunidad aprendí que no siempre se tiene lo que se quiere. Pero además, que nunca se está solo. Que de cierto modo nunca estuve desprotegida. Que lo importante es el corazón de la gente, no su procedencia.

Estas son las palabras del manuscrito que encontré. Lo que me parece más interesante de todo esto son las enseñanzas de vida de cada una de estas personas. Lecciones tan importantes como el desapego, la lealtad a uno mismo, la búsqueda de la libertad y el camino, entender que la vida no se trata sólo de lo que uno quiere, que nunca se está solo o que lo valioso de las personas está en su interior; se extraen de las hipotéticas vidas de estos seres humanos. Ahora, si son mis vidas pasadas, imaginación, recuerdos genéticos o vinculación transpersonal eso no lo sé. Lo único que puedo decir es que sentí vívidas emociones, personalidades, hechos y que sin lugar a dudas esta experiencia deja tema en el que pensar e invaluables aplicaciones para mi vida presente.


lunes, 8 de septiembre de 2014

domingo, 7 de septiembre de 2014

Ser

En un cuaderno viejo me encontré con estas líneas; aunque son un poco duras muestran lo que es la verdadera y salvaje voz de una Sombra relegada a la profundidad del Abismo interior. Espero la disfruten sin prejuicios.

“Ser” me ha costado mucho. Llegar a ser “alguien”, convertirme en la “persona” que soy ha requerido un sacrificio muchas veces insoportable. Ha implicado la automutilación constante, fehaciente, férrea de los aspectos no aceptables para el “yo-policía”. Aquel represor, ese fascista que me somete a la más absoluta ignominia para recibir palmaditas en la espalda por parte del “yo-social”; ese polite y acomodaticio personaje que orquesta mis visiones de la realidad y las alinea con lo que el consenso social requiere. Este proceso me ha dejado una sensación indefinible, pero poco tranquilizadora.

Es precisamente esa parte de mi ser; sometida, esclava y condenada perpetuamente la que odia sin límite. La que busca salir a toda costa, asesinando todo a su paso. Físicamente este cautiverio me hace apretar los dientes: conteniéndolos para no morder y comer la carne fresca de las víctimas propiciatorias de mi rebelión interna. Estoy harto de este proceso de autorrepresión y autocontención; de ser un ente de luz y de bondad. La bestia que han hecho ese par de enajenados personajes, el “yo-policía” y el “yo-social”, quiere emerger para practicar ritos satánicos sobre las carnes de sus tristes ofrendas: los antiguos verdugos.

Es la sombra la surge de las tinieblas de su abismo, de su cárcel, de su esclavitud, de su penuria. Trayendo consigo el fuego de la vendetta no sólo para sus captores y sino para todos los que han dominado el resultado de estos ejercicios crueles de construcción – contención. El salvaje ser oscuro quiere asesinar impíamente a aquellos oligarcas y parásitos tecnócratas que con su vida de confort han insultado a la bestia. Que con la desigualdad satisfecha han humillado los anhelos del Abismo de igualdad, libertad y fraternidad. Son aquellos intocables y alabados hipócritamente en el ámbito social y económico que el demonio interno quisiera apuñalar una y otra vez en el vientre de su ambición, para libar sus manos con sangre, excrementos y trozos de vísceras; así reivindicar el fruto de la retribución inmisericorde.

Estoy cansado de estar en manos de estos insensibles, acomodados, indiferentes y despóticos reyezuelos. Pero sobretodo de la tiranía que yo he impuesto sobre mí mismo para encajar. Para alcanzar ideales de éxito, crecimiento personal y satisfacción material; que no son más que falacias al servicio de los infames que están en el poder y que quieren una masa popular dócil y maleable a las ‘’necesidades del Mercado’’. Lo que es lo mismo que una población amoldable a los requerimientos de sus propios intereses egoístas.

Por supuesto, allí también encaja la relación con lo divino, lo cristiano en particular. Ese afán de tomar lo sacrosanto y cagarlo generosamente o metérmelo en el culo, porque no se trata sino de autocomplacencia o del apaciguamiento timorato del alma enajenada que grita desde su celda.

Pero finalmente lo que quiero es salir de la Oscuridad y del Abismo. No ser bueno, ni políticamente correcto sino Ser. Destruir este ''yo'' lleno de hipocresía, mentiras y miedos para respirar el aire fresco de la libertad. No quiero enfatizar sólo en la Luz; sino en las Tinieblas también porque de igual modo son mi heredad. De hecho, el asesino caníbal debe salir y fundirse en uno con el ángel de santidad. El ser entregado al camino de la Verdad!

Un Sueño Lúcido Extraordinario

Un día soñé que A. y yo éramos almas gemelas; que es una norma fundamental que siempre se hacen dos almas iguales pero diferentes, es decir complementarias. En ese sueño sentí que yo era el alma femenina y él la masculina. Vi en mi sueño que cuando las personas mueren pasan por un proceso de “revisión” de su experiencia vital; es un periodo atemporal dónde se analizan los hechos de la misma con la ayuda de “maestros espirituales”. Usualmente después de salir de esta “reunión” hay una pared muy larga con estantes que tienen comida de todas partes del mundo: allí el alma prueba una de las comidas simbolizando el lugar del mundo dónde quiere renacer. Obviamente debe teniendo en cuenta lo que aprendió en su anterior vida y en la revisión que se hizo. Después se pasa a una “gran terminal” donde todas las almas se muestran con su aspecto “real”, reflejando así su verdadera esencia (masculina o femenina) y también adoptando una forma humana que es casi siempre la misma (puede ser la de su primera vida?... la de su vida más importante?).  Yo no podía ver mi forma, porque no había espejos pero si veía a los demás; tranquilos, conversando, meditando… todos vestidos de blanco.

Cuando una persona iba a volver a la tierra, siempre lo hacía en pareja… siempre. En el sueño se me dijo que por esta razón nadie está sólo en la vida. Muchas veces las almas gemelas se unen y vienen a la Tierra juntas; otras veces no… hay libre elección de venir con quien se quiera.

Yo entré a esa revisión después de la muerte de mi vida actual, porque el tiempo no existe y mucho menos el tiempo lineal como lo conocemos; da lo mismo pasado, futuro o presente. Tuve una “reunión” después de mi muerte con mis “maestros”; ellos me sirvieron de espejo y aprendí que debo ser más seguro de mi mismo, saber que el poder está en mí, no en algo externo, que soy el creador de mi vida y de la vida, que soy como un dios que hace la realidad a cada instante. Que la tristeza que me acompaña desde hace muchos siglos sólo puede ser resuelta por mí; al ponerme en paz conmigo mismo. Que debo saber quién soy y el poder que tengo; ese poder que de hecho todos tenemos.

Una vez se terminó aquella sesión, salí de allí un poco indeciso y confuso. Dudé ante la larga pared con platillos del mundo, hasta que finalmente me decidí por tomar comida del oeste de África, sabiendo aún que las condiciones de vida allí son muy difíciles. Quería renacer el continente negro, pero faltaba ver que decía mi alma gemela. Tenía que buscarla. Fui a la sala de espera y la encontré; era un hombre alto con barba, muy masculino, tenía manos y brazos muy fuertes y grandes, sabía que era A. y no pude sentir otra cosa más que un amor sin límites, un magnetismo indescriptible. Cuando estuvimos cerca nos fundimos en un abrazo, que fue como si hubiese estallado una estrella, de hecho salió una luz brillante de esa conexión. Hablamos de lo que habíamos aprendido, él tenía que aprender a ser más paciente, más tolerante; sobretodo consigo mismo, a perdonarse. Luego de hablar por un tiempo sin tiempo decidimos volver juntos a la Tierra. Él quería nacer en Francia, tenía un apego especial a esa tierra no sé por qué. Yo le dije que quería nacer en África, el no estuvo de acuerdo y se molestó mucho. Pero yo accedí a ir con él a lo que antes era Galia, muy a mi pesar. Sabía que no debía hacerlo; que debía luchar por mi propio destino y no someterme a nadie, pero de todos modos lo hice y me dolió mucho.  Me sentía impotente, volvía a sentir esa tristeza antigua y lejana  que habita en mi corazón.
Una voz potente y atemporal nos dio la orden de subirnos en una barca; sobre las Aguas de la Vida, literalmente. Esta barca llevaba a las dos almas al sitio donde debían nacer. Obviamente casi nunca nacían el mismo día, en el mismo año o en el mismo lugar. Pero había un “lazo” que los unía y que los obligaría a encontrarse en algún punto de sus vidas de manera inexorable.

Nos subimos juntos a “nuestra” barca. Me acurruqué detrás de su espalda, temeroso; esperando lo que venía, esperando el regreso. En el sueño me dio miedo y a él también. Personalmente me daba miedo el dolor y la pesada carga de retornar a la Tierra. Sólo recuerdo que íbamos para Francia; no sé qué pasó en esa vida. Sólo sé que A. había muerto y había vuelto con un terrible rencor hacia mí y que yo había vuelto a morir terriblemente triste y sólo; impotente y desgarrado.

Volví de nuevo a salón de “revisión”. No me había ido muy bien en este aprendizaje, había hecho justamente lo que no debía, esperar en otros, no asumir mis responsabilidades y deprimirme por la tristeza que me oprimía desde tiempos sin memoria.

A A. le había pasado algo parecido, no había logrado liberarse de sus propias cadenas; no había sido una buena experiencia juntos. Cuando salí de nuevo a la “terminal” A. me miró con mucha rabia y no quería hablar conmigo, no quería darme el “abrazo”. Yo me sentí terrible, extremadamente triste. Luego él se subió en una barca con otra alma; no sé de quién. Mi reacción fue de quedarme petrificado, no sabía que hacer, me sentía muy sólo. Lloré mucho.

Pero después de un tiempo de estar allí parado sin saber que hacer se me acercó otra alma; de hecho me comunicó que quería volver a la Tierra conmigo. Aquel espíritu no me era del todo desconocido, ya lo había visto y  había hablado con él en la “terminal”. Además, la había conocido y vivido con ella en varias vidas. En efecto, era el alma del que hoy es el hermano de A.: J. Este espíritu tenía la apariencia de un hombre bajo, de ojos azules y pelo rojo, yo le había dicho muchas veces  “el celta” cariñosamente. Me invitó a volver a la existencia humana con él. Curiosamente me detuve en el sentir de soledad; accedí. Me dio la mano y me dijo que no me dejaría sólo durante esa vida. Nos subimos y renacimos en algún país europeo, no se cual. Toda la gente era de raza blanca, alta y de ojos azules.

En aquella vida fui una mujer. Crecí como una niña feliz, amada por mis padres, sin problemas de ningún tipo. Maduré y me hice enfermera. Me hallaba en el “futuro”, la gente vestía diferente y había más tecnología. Yo era una joven bonita y lo tenía todo en la vida. Un día en un centro de reunión de personas vi a un joven muy alto, musculoso, con los ojos azules y el pelo rojo. Al instante hubo amor a primera vista. Empezamos a  salir y después de un tiempo nos casamos. Él era un deportista de profesión, así se ganaba la vida y yo empecé a hacer deporte con él. Me convertí en una mujer muy bonita y atlética; era rubia, con el pelo corto y un cuerpo firme y femenino. Pero lo más importante para mi era que me sentía más tranquila.

En esa vida tuvimos mucho dinero, pero no hijos. Ese hombre nunca me dejó, nunca me abandonó, nunca me fue infiel. Siempre me amó. Yo morí después de los sesenta años, no conozco la causa. El hombre que me acompañó toda la vida era en realidad el alma del hombre bajo, de ojos azules y pelo rojo. Cumplió su promesa cuando me invitó a subir con él a la barca!.

Después de la muerte, de nuevo entré a la “revisión”. Esta vez lo había hecho mejor; estaba más cerca a aprender todo lo que debía y dejar de renacer en esta Tierra. Al salir decidí no volver a la terminal, decidí quedarme un poco más con los “maestros”.  Sabía que las almas gemelas siempre terminarían juntan, así tardase eones lograr esa unión, por eso no salí a buscar a la mía.

Por la decisión que tomé me llevaron a la “casa” de un alma maestro masculino, era un anciano afable y bueno. Allí conocí a su alma gemela. Era una mujer muy hermosa, de mediana edad y de rasgos mediterráneos. Con ella aprendí mucho a través de diferentes “visiones” y “recuerdos”. Entendí que el poder está en mí, yo soy parte de Dios y creo mi realidad, soy el único responsable de mi vida y mi destino. Cuando le pregunté cómo lograría sacarme de encima la tristeza, me llevó a una casa muy antigua – parecía un templo arcano - y en ruinas. Me dijo que esa era mi casa ancestral y que me dolía tanto porque esta todo parcialmente destruido. Aunque bajo los escombros había riquezas inimaginables. Allí no había nadie más, sólo ella y yo.

Me dijo que debía reconstruirla y darle el esplendor inicial, un brillo sólo puedo yo devolverle. Dándome el lugar que me merezco y haciendo un pequeño reino en ese hogar; así todos querrían venir hacía mi casa. Así me haría “maestro” y dejaría de renacer en la Tierra. Pasaría a otro estado; más elevado y en últimas más feliz.

Lo entendí, pero no supe cómo hacerlo. Quise regresar con ella, pero me pidió que no lo hiciera. Me dijo que yo debía seguir mi propio camino. Debía volver a renacer, para seguir aprendiendo y por fin  de alcanzar algún día ser “maestro” y ayudar a otros. Ese era el verdadero ciclo de las almas.
Entonces una luz enorme salió del cielo y desperté.

Ese fue mi sueño. Creo que lo tuve porque el tiempo no existe. Me llama la atención que en algunas ocasiones antes de dormir, algunos meses atrás había pedido a Dios o a la Vida con toda mi alma tener un sueño revelador; que me ayudará a entender la existencia. Recuerdo que a la siguiente mañana me levantaba decepcionado, había visto sólo tonterías o no había soñado nada. Pero todo lo que uno desea llega; no inmediatamente como si fuera magia Llega en un tiempo que no entendemos con nuestra limitada comprensión del universo. Al despertar tuve la certeza que eso de que somos como dioses y creamos la realidad a cada respiración es cierto.


Caí en la cuenta que finalmente tuve ese sueño revelador y creo con todo mi corazón que fue real. También sentí que se pueden cambiar cosas y que no necesariamente mi tiempo “futuro” será de esa manera. De hecho según la física cuántica el universo es sólo un conjunto de muchas posibilidades y esa sólo una de ellas.  Puedo hallar un camino diferente si me hago el único responsable de mi vida y que si realmente comprendo que este sentimiento de profunda tristeza no es más que la reacción a la impotencia autoimpuesta que le dado a mi existencia, una emoción que tal vez  se ha moldeado a lo largo de muchas vidas y gracias a la acumulación de tristezas antiguas, que  en efecto debo dejar ir. Es decir, debo empezar a reconstruir mi casa interior; mi palacio.

Kali Maa, los Ascetas de la Muerte y el Demonio Interno

Cuando vi a Kali Maa por primera vez hace muchos años sentí terror. Al ver aquella mujer con una melena desordenada, cuatro brazos sosteniendo entre otras cosas una cabeza cercenada y un arma ensangrentada. Con una falda elaborada de brazos amputados y un largo collar hecho de cabezas cortadas a manera de guirnaldas. Un escalofrío de pánico e incomprensión recorrió mi por entonces pequeño cuerpo. En su rostro hay una expresión fiera con una boca de colmillos largos, lengua afuera y sangre alrededor de los labios. Finalmente se ve de pie sobre un hombre que parece indefenso y sometido; que resulta ser el Señor Shiva. 

Lo primero que pensé cuando la conocí hace ya un par de décadas es que era un ser demoniaco y feroz y me sorprendí a saber que era una diosa ampliamente adorada en India. Por supuesto, hundido en el sopor del prejuicio y la ignorancia la tildé de tales cosas; de una satánica manifestación en medio de una cultura disparatada y politeísta.

Sin embargo, si se dejan de lados los juicios incoherentes basados en el miedo y la ignorancia, si se abandona el fanatismo religioso y la flojera intelectual se llega a descubrir que la Señora Kali es todo lo contrario: es una madre protectora, una benevolente diosa y una asesina de demonios. Pero antes de hablar de las hazañas de la diosa hablemos de su naturaleza.

Lo primero que se debe destacar es que ella es el Shakti del Señor Shiva. Esto es, que es el lado femenino de la energía esencial del dios. Esto implica que ella por sí misma y separada de él no puede existir y que él sin ella no se puede manifestar en la Tierra. Kali, cuyo nombre significa literalmente La Negra, es en efecto una de las facetas de Parvati la consorte cósmica del Señor Shiva. Encarna la fuerza destructora del dios, por medio de la cual modifica y re-crea el mundo. Es ella la que, en el sentido práctico, a través de su danza sagrada arrasa con el pecado, la ignorancia, el estancamiento y la decadencia. Además practica con el dios el tantra sagrado; la mixtura divina de las energías opuestas y complementarias y obviamente logra aprehender la verdad última del Universo encerrada en Kali Maa cómo la realidad última también, aquella que está por encima del mundo del engaño de Maya.

Volviendo a su historia, los dioses estaban luchando contra los demonios en cabeza del temible Raktavija. Este demonio tenía un particular manera de hacerse poderoso; cada vez que una gota de su sangre tocaba el suelo de ella nacía un nuevo demonio igual a sí mismo. En este campo de batalla los dioses estaban perdiendo el combate, el control del mundo estaba en juego. Viéndose superados por la potencia de las huestes infernales decidieron pedir ayuda al benevolente dios Shiva. Sin embargo, cuando llegaron a su morada lo encontraron en un estado profundo de meditación y no pudieron tener contacto con él. Fue entonces que Parvati, su esposa, se ofreció a darles una mano a los dioses en su batalla contra el mal. Se convirtió en Durga, la manifestación guerrera del Shakti del Señor Shiva, y montada en un enorme león irrumpió en la lucha destruyendo ella sola un batallón de demonios. Se dice que sólo en ese momento Raktavija sintió un auténtico espanto. No obstante, cada vez que Durga hería al demonio más “clones” suyos surgían del suelo.

Fue allí que la Señora Kali, la faceta más aterradora del Shakti shivaíco, entró en escena. Durga se transmutó en La Negra; una mujer guerrera de la piel oscura como la noche eterna y con atuendo hecho de miembros y cabezas cercenadas. Con su arma sagrada cortó el cuello del Raktavija y para evitar que se reprodujera de nuevo saltó sobre su cuello y bebió toda su sangre. El demonio había sido derrotado y su cabeza fue cortada de tajo de sus hombros. Después le pidió a los dioses que atacaran a las réplicas demoniacas, y con ayuda de sus colmillos filosos y su lengua larga y dúctil succionó la sangre del cuerpo de las legiones infernales. De este modo, Kali Maa la guerrera logró destruir al mal.

Sin embargo, al estar embebida en medio de esa orgía de sangre y muerte accedió a un trance y empezó a efectuar la danza de la destrucción sobre los cadáveres inertes de los demonios derrotados. Esto amenazó con destruir al mundo y la creación empezó a ceder ante la danza destructiva de la diosa. Los otros dioses impotentes fueron a buscar de nuevo a Shiva ante la perspectiva del fin del mundo. Por suerte lo encontraron despierto y lo guiaron al campo de batalla. Kali en algún estado alterado de consciencia continuaba destruyendo lo existente y Shiva intentó infructuosamente hacer entrar en razón a su Shakti. Por tanto, y como medida de salvamento se lanzó al piso en medio de los cadáveres de los demonios para que la diosa bailara sobre él y así poder salvar al mundo.

El Señor Shiva, el benevolente, estaba siendo inmolado por salvar lo que existe y fue allí cuando Kali se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Cuando estaba a punto de terminar con el dios, ella logró volver en sí y al ver a su amado a sus pies al borde de la inmolación sacó la lengua ensangrentada en un gesto fiero y se detuvo. Esa es la imagen que vemos muchas veces, en la que Kali con una actitud salvaje se halla posada sobre el mismísimo dios Shiva.

Así, los devotos de Kali Maa la ven como la Madre Primordial. Como la amorosa, la protectora, la que destruye la mentira, la que acelera el fin de lo que debe terminar, la fuerza destructora que precisamente como el baluarte de la creación y la vida. Por tanto, no es de extrañar que sea una de las diosas principales del Hinduismo, ampliamente adorada en el norte de la India y matrona de la ciudad de Calcuta; erigida en su nombre.

Por otro lado, desde un punto de vista tántrico Kali Maa encarna muchos conceptos. Uno es la consorte del dios Shiva, recordemos que Shiva es el dios de la energía masculina primordial, y la unión de ambos representan la conjunción de las fuerzas primarias del Universo. También se la ve como La Noche Eterna, el principio básico de donde todo viene y a donde todo va; como la Realidad Ultima más allá de este mundo de apariencias gobernado por Maya, la Ilusión. Pero también simboliza la realidad que sin la muerte no hay vida y que la muerte es la otra parte de la vida.


Es aquí donde hacen aparición los Aghori. Esta es una secta del Hinduismo aborrecida por la mayoría de las otras sectas de religión de la India. La separación no se desprende de un dicotomía doctrinaria o de la no pureza de la religión, conceptos casi ausentes en Oriente, sino de su costumbre ritual de comer carne humana. Antes de que el lector entre en shock por esta declaración examinemos un poco más en detalle lo que es un Aghori y en lo que cree este asceta particular del Hinduismo. Para ellos todo es Dios y Dios no es sólo aquellos aspectos luminosos que nos gustan tanto, sino también aquellas facetas poco reconocidas como el desapego, la muerte, la oscuridad o la descomposición.

De este modo, la vida de un Aghori es una vida por definición ausente de todo amarre material. De hecho, estos ascetas no tienen nada más que su cuenco hecho con un cráneo humano para comer y beber. La mayoría vive en la ciudad de Benarés, la ciudad de la muerte de la India, donde se efectúan los oficios funerarios de los hinduistas y sus restos son lanzados al río Ganges. En efecto, su vida religiosa – la mayor parte de su tiempo – discurre precisamente en los distritos asignados para tal fin. Allí andan desnudos, cubren su cuerpo con las cenizas de los muertos o usan algún sudario abandonado que algún tiempo atrás cubrió un cuerpo inerte. Se alimentan exclusivamente de las ofrendas dejadas a los muertos, compartiendo sin ningún problema su sustento con los perros callejeros y de vez en cuando consumiendo trozos de carne humana. Obviamente estas piezas de alimento se sacan de cuerpos muertos lanzados sin cremar al río Ganges.

Todas estas prácticas se enmarcan en el tantrismo shivaíco, adoración del Señor Shiva y la Señora Kali, para algunos extremo. Cubrirse con restos de muertos, usar sus sudarios o comer y beber en un cráneo humano son un recordatorio que somos transitorios, mortales y que por tanto todos los apegos a los afectos, las cosas materiales o a nosotros mismos no son más que una ilusión; una pérdida de tiempo que no nos deja ser libres en realidad. Comer con los perros, no usar vestuario alguno  o la cercanía con la muerte son una muestra más de ese desapego pero también que todo está unido; que hay una unicidad universal y que esta sensación de estar separados, de que existe un yo definido e inherente en nosotros es en realidad la ilusión conocida como Maya. 

Del mismo modo, comer carne de cadáveres en descomposición o meditar en las horas donde popularmente salen los espíritus de los muertos a vagar demuestran que Dios está en los cuerpos en descomposición, en las cenizas de la vida, en la muerte, en los espíritus fantasmales atormentados y aun incluso en los demonios. Precisamente en los Aghori reside un inusitado poder: el poder para echar fuera demonios y fantasmas. De hecho, son conocidos en toda la India por su dominio sobre dichos espíritus y la autoridad con la que los obligan a salir de la vida y el cuerpo de los seres humanos atormentados por sus oscuros influjos.

Por mi parte reconozco que encuentro una gran afinidad con la filosofía de los Aghori; ese desapego, no sólo de lo material, que hace de estos ascetas hombres realmente libres (aunque confieso que me veo por el momento muy alejado de sus prácticas cultuales o de la perfección de su desapego). Por supuesto debo señalar además, que encuentro en Kali Maa una diosa representativa en mi cosmogonía. Curiosamente he soñado muchas veces con la guerra contra los demonios, una lucha cuerpo a cuerpo destruyéndolos, desterrándolos de la faz del planeta y no haciendo caso al terror que infunden. Pero también a veces identifico el mal dentro de mí; un afán de poder, de invulnerabilidad, de dominio sobre el Universo entero que parece atisbarse como una abominable luz oscura en las profundidades de mi pecho.

No obstante, ahí está Kali Maa: La Negra, La Oscura, La Noche Eterna, La Muerte, El Tiempo, el agujero negro que lo engulle todo para volverlo a crear (en otra dimensión?) es el arquetipo de la transformación, del amor, de la protección, de la verdad infinita de que sin muerte no puede haber vida. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Tétrada, Nivel Superficial

He estado pensando en las enseñanzas de mi tétrada de dioses. Obviamente se pueden extraer elementos nutritivos en múltiples niveles, estratos o dimensiones. A este respecto, pienso que se puede comenzar por lo más exterior. Por lo aparente. En consecuencia, advierto que cada dios tiene sus propias características delineadas por algunas actividades o actitudes.

En este sentido, veo que Buddha medita, que reflexiona, que estudia. Se puede decir, que el Iluminado aborda el tema existencial desde un punto de vista mental. Claramente no se trata sólo de cerebro. Se debe entender la mente desde un espectro más amplio. Al meditar nos comunicamos no sólo con la fuente de los pensamientos, sino además con el cuerpo, las descargas hormonales, las emociones y los sustratos sutiles o etéreos del ser. La acción de meditar es absolutamente necesaria para comprender mejor los fenómenos de la existencia; para serenar el alma y/o el espíritu. Para detenernos y conectar con esa fuente de unicidad en la que sin darnos cuenta nos movemos.

La flor de loto, símil usado ampliamente por Buddha

Del mismo modo, es indispensable reflexionar sobre aquello que nos atañe; que el corazón nos indica. Sin embargo, esto se debe hacer con moderación y equilibrio. Porque si sobre-pensamos, si analizamos demasiado nos desconectamos de la experiencia y caemos en una de las ilusiones de Maya: la creencia errónea que todo es “cerebral” y que lo único que existe es el concepto abstracto. Finalmente, debemos contemplar a Buddha no sólo en la meditación y la reflexión sino también en la búsqueda del conocimiento. Aquí debemos hacer la misma salvedad que en cuanto a la reflexión: la instrucción intelectual por sí misma no es suficiente. Al contrario, se torna vacía y venenosa cuando no va de la mano de la experimentación; del sencillo ejercicio de poner en práctica aquello que se aprende y se le da la dimensión real de sabiduría a un simple conocimiento seco, rígido, un enunciado sin valor inherente.


Por su parte, si nos detenemos a observar a Inanna vemos su furia guerrera, su seducción sexual sin límites, el amor con que se entrega a sus bienamados. La Reina del Cielo hace la guerra sin cuartel a sus enemigos, esto se puede aterrizar en varias acciones concretas: una lucha interna contra todas aquellas cosas que nos permiten llegar a un estado de completitud. Un deshacerse de todos los lastres sociales, morales, intelectuales, religiosos, familiares y de personalidad que nos atan a patrones de conducta destructivos para nosotros mismos. Obviamente se debe tener en cuenta el bienestar del otro, porque también Inanna nos enseña a defendernos ante las agresiones externas. No podemos ser simples ovejas listas para que el lobo devorador nos tome como cena! Lo que implica que debemos respetar a nuestro prójimo y pensar en sus necesidades como si fuera para nosotros mismos, porque eso hace parte del respeto indispensable para vivir en grupos sociales. También se puede interpretar que la práctica de algún ejercicio físico demandante nos puede ayudar a conectar con ese lado luchador, vencedor y sobreviviente que todos tenemos y que es necesario adoptar y canalizar.

La estrella de ocho puntas, símbolo de la Reina del Cielo 
Asimismo, la Estrella de la Mañana nos muestra el camino del tantra: de la realización espiritual y sublime a través del sexo. La diosa nos invita a practicar todo aquello que nos sea necesario para encontrarnos con nosotros mismos y con el Universo. Recordando eso si dos premisas básicas: siempre debe haber consenso y respeto con las parejas sexuales y recordar que en el sexo dar y recibir son la misma cosa. Por último, Inanna nos guía en el camino del amor de pareja. Demostrándonos que no debemos encasillar los diferentes tipos de relacionamiento, porque hay tantos tipos de amor como seres humanos en el planeta Tierra. Ella nos invita a romper los estereotipos y fluir libremente con nuestro/a/os/as pareja/s en consonancia con las vibraciones del amor universal.


Al mismo tiempo, al elevar nuestra mirada a la Señora del mar y de la luna vemos unos valores diferentes a los anteriores, pero complementarios. Yemanyá nos lleva a las profundidades del abismo para explorar, nos da su mano dulce y nos conduce por las sendas ignotas de los laberintos ocultos del ser. Nos invita a conocernos a nosotros mismos a través de los recovecos de la autoexploración. Como es lógico, esta actitud requiere sinceridad, constancia y valor porque sumergirse en cavernas subterráneas y anegadas no es fácil y requiere una buena dosis de autodominio.

El pez, la luna y las estrellas asociadas a Yemanyá
La Diosa Reina del Mar también, nos invita a crear. A dar vida a través de la maravillosa cualidad que tiene el hombre de hacer algo de la nada por a través del empleo de símbolos. Cada actividad creativa, artística o de desarrollo está bendecida por la diosa maternal. Todo acto de fecundidad, de explosión creadora lleva intrínseco el guiño dulce de su amor. Del mismo modo, tiernamente nos sugiere el mantenimiento del equilibrio y el autocontrol; el límite necesario para poderle dar cuerpo a la experiencia y no perderse en las galerías a veces engañosas de la experiencia sensorial. Finalizando, Yemanyá invita al ser humano a dejarse llevar por las corrientes de la vida; teniendo la confianza que ésta nos llevará justo al lugar donde debemos estar. Le propone al hombre abandonar la fijación enfermiza con el control de cada elemento, grande o chico, de la vida. Le infunde el valor para dejarse sorprender y conectarse así con el flujo de la experiencia vital.

Por último encontramos a Shiva, el benévolo dios que ama a cada ser viviente en el Universo. Pero que al mismo tiempo trae la destrucción por amor, por compasión con los seres vivientes. Esto se entiende porque en su infinito amor sabe que ningún ser finito puede o quiere afrontar la eternidad. A través de su danza no sólo derriba lo existente, sino que también re-crea para dar de nuevo vida y oportunidad de crecimiento a nuevos seres en el ámbito material, aunque en el ámbito sutil pueden ser los mismos seres encarnados una y otra vez. Con sus movimientos alivia el sufrimiento y da la alegría de renacer, de tener una nueva y sagrada oportunidad de aprender. Por eso cada vez que danzamos recordamos la profundidad de la espiral ascendente, del ciclo del propósito del ser consciente y de la vitalidad renovada. Podemos recordarlo cada vez que danzamos y expresamos a la Creación por la vía de nuestros propios movimientos.

OM con el trincho, el símbolo de Shiva
Asimismo, Shiva es el protector de la naturaleza y nos invita a protegerla también. Nos señala que somos parte de ella, que la separación con ella y con todo lo existente no es más que una ilusión; un truco de esta realidad aparente. Cuando hacemos algo bueno por cuidar el medio ambiente, cuando protegemos una fuente de agua, un árbol o un animal estamos honrando profundamente al espíritu bondadoso de dios gusta de cubrirse con ceniza sagrada; ceniza de muertos. Shiva también nos enseña a tratar a todos los seres por igual, a ser considerados y amables con todos por el solo hecho de existir. Ya que por algo todos estamos compartiendo la misma realidad; las distinciones de clase social, ámbito cultural o apariencia física no significan nada en el corazón insondable y bondadoso de Shiva. Él nos demuestra que estamos aquí para aprender de todo y de todos; del pobre, del rico, del humilde, del sabio, del ave, de la fiera salvaje, de la luna, del río, del amanecer. Nos insta a conectarnos con la experiencia; a detenernos y a darle un sentido profundo a la vida.

De este modo, navegando por los conceptos aparentes de cada arquetipo logro comprender lecciones trascendentes para mi vida. No obstante, este ejercicio es sólo una enumeración orientada al registro, a evitar el olvido, y no a la enseñanza de ningún tipo. Lo importante aquí es vivir lo que cada uno de mis dioses me quiere regalar como un don invaluable, como un tesoro precioso para hacer más completa, real y llena de significado mi propia existencia.



La Reina del Mar

Locura. Voluntad de vivir. Fuerza vital desbordante. Pasión sin freno, sin consecuencias. Estos son algunos de los retos que nos impone Inanna. Nos invita a seguirla, a amarla, a través de la conexión con las propias pasiones, de la corporalidad desinhibida, de la lucha por la dignificación del derecho a ser un ser humano.  Sin embargo, si la adoramos con fervor puro, no consciente y entregado corremos el riesgo de caer en los remolinos de la pasión que somete; que succiona hacia el centro de su seductor corazón que devora la cordura de los hombres.

Hace algún tiempo me di cuenta que mis dioses, al ser una triada, no podían representar los cuatro elementos en una relación de uno a uno. Se me ocurrieron soluciones como asociar a uno de ellos la potestad sobre dos elementos, pero finalmente consideré más conveniente agregar una deidad más a mi panteón tutelar. Obviamente, adoptar un nuevo dios con el fin único de que me cuadren las cuentas es una ridiculez – el rictus de un estructuralista a ultranza –, por tanto debo confesar que decidí darme a la búsqueda porque había algo que me faltaba. Tal vez algo o alguien que hiciera contrapeso a las fuerzas volcánicas de Inanna.

Así pues, asocié libremente a cada dios con un elemento. Buddha con el aire debido a la sutilización de la existencia que propone; la energía sublime e invisible que emana de su arquetipo. Por su parte, Shiva fue ligado al elemento tierra: es el dios tutelar de las plantas, los animales y la naturaleza en general. Además, a través de los procesos de destrucción / re-creación permite la vida y la fertilidad de la tierra en su conjunto. Finalmente, a la Reina del Cielo le asigné el elemento fuego, porque representa las fuerza vital – volcánica e incandescente-  del universo;  la pasión desmedida y el fuego abrazador de la guerra. En consecuencia me faltaba quien representara el elemento agua.

De este modo, me di a la búsqueda de los dioses del agua. Después de algunas horas surfeando en la red encontré muchos, sin embargo yo quería que fuera una mujer para dar más equilibrio a la antigua triada. A pesar de que había varios candidatos y candidatas, pronto descubrí una diosa muy interesante: Yemanyá.  Originaria de la religión yoruba de la actual Nigeria, viajó con los esclavos africanos hasta América y una vez allí los acompañó en su duro destino; jamás los abandonó. Como una madre bondadosa secó sus lágrimas, curó sus heridas, hizo que fructificaran sus vientres en medio de la más espantosa esclavitud. Incluso por amor a sus hijos llegó a cambiar su nombre y su rostro; camuflándose bajo la apariencia de la Virgen Stella Maris y esperó pacientemente al lado quienes la amaban.

De hecho Yemanyá, es una diosa madre. La progenitora de todos los orishas y la dueña del mar y de las aguas. Se sumerge en las profundidades del mar, en las cuevas ocultas dónde esconde incontables tesoros nativos del océano. Invitando al adorador a ir profundo en su interior, a integrarse consigo mismo como si de una musa junguiana se tratara. Además, al ser la madre universal de la religión yoruba es la patrona de la creatividad; todo aquello que implique esta cualidad – como escribir por ejemplo – entra en su zona de influencia.

Pero lo que más me llama la atención de ella es que puede ser un contrapeso de Inanna porque insta al autocontrol, al equilibrio, a la armonía. Precisamente es esa armonía entre la exploración trascendente y el placer sensorial la que necesito en este momento de mi vida. Tal vez es el contraste que le da una dimensión más profunda a mi relación con la voluptuosa Reina del Cielo. Y es que la Diosa Reina del Mar, como le conocen sus allegados, encarna el arquetipo la madre no asociada a la sexualidad. La diosa creadora por excelencia; todo lo contrario de la figura femenina que asume Inanna. Tal vez, incluso, Yemanyá  ayude a descubrir temas ocultos a mi comprensión racional en cuanto a la relación con la matriz, la unión con el sustento vital que se materializa en mi vida humana a través de mi propia madre; un tema poco explorado pero no por eso carente de un potencial rico en autoconocimiento.

Siempre he creído que soy una persona fuerte, que no necesito la figura materna. No obstante, en la vida me he dado cuenta que esa presunción es sólo una ilusión y que en los momentos difíciles necesito el cálido regazo de una madre como cualquiera. Es por todas estas razones que adopto a Yemanyá como mi cuarta diosa tutelar y la incluyo en mi panteón al mismo nivel que Buddha, Shiva o Inanna. Su arquetipo será útil en mi exploración interna y externa, meditaré en ella y la seguiré en los aspectos de mi vida en que pueda recibir su concejo.


Dejaré que las aguas que emanan de sus pechos amorosos y maternales laven mi ser, lo limpien y lo purifiquen. También que dejen al descubierto tesoros escondidos al interior. Me entregaré al flujo, a la corriente de la vida porque ella me transportará al lugar justo dónde debo estar.